Los peces del mar Rojo que verás haciendo snorkel

La primera vez que metes la cabeza en el mar Rojo pasa casi siempre lo mismo: levantas la cara, buscas a tu pareja o a tus hijos y gritas algo ininteligible con el tubo en la boca. Debajo hay más de 1.200 especies de peces y en torno a un 10 % no vive en ningún otro mar del planeta. Esta es la guía de los que verás casi seguro haciendo snorkel en Hurghada, con los dos o tres que conviene admirar de lejos.
Por qué el mar Rojo parece un acuario
Tres razones. Una: aquí no desemboca ningún río, así que no hay sedimentos y la visibilidad ronda los 20 o 30 metros. Dos: el agua es cálida y estable todo el año, entre 21 y 29 °C, y el coral crece feliz. Tres: el mar Rojo pasó milenios medio aislado del océano y eso creó especies únicas que solo existen aquí.
Traducción práctica: no hace falta botella ni título de buzo. Con unas gafas y un tubo, a dos metros de la superficie, ves más peces que en muchas inmersiones del Mediterráneo.
Los que verás casi seguro
- Pez payaso. Sí, Nemo. El del mar Rojo es una especie propia, con dos franjas blancas, y vive dentro de su anémona, que le protege con tentáculos urticantes. Búscalo en las manchas de anémona: asoma, te mira, se esconde y vuelve a asomar.
- Antias. Las nubes naranjas que flotan a cientos sobre el coral. Son la postal clásica del arrecife y el motivo de que todo parezca en tecnicolor.
- Pez mariposa. Amarillo, elegante y casi siempre acompañado: muchas especies forman pareja estable durante años. Si ves uno, espera un segundo y aparece el otro.
- Pez loro. Turquesa y verde, con dientes en forma de pico. Quédate quieto y lo oirás crujir al morder el coral. Digiere lo bueno y expulsa el resto convertido en arena finísima: buena parte de la arena blanca de las playas ha pasado antes por un pez loro. De nada por el dato para la cena.
Los grandes del arrecife
- Pez napoleón. El gigante amable: hasta 2 metros y más de 100 kilos, con la frente abombada y cara de estar de vuelta de todo. Es curioso y a veces se acerca a los grupos de snorkel. No hay que darle comida, aunque alguien te diga que "siempre se ha hecho".
- Morena. Asoma la cabeza desde un agujero abriendo y cerrando la boca. No te está amenazando: respira así. Solo muerde si le metes la mano en casa, así que ya sabes: las manos, fuera de los agujeros.
- Pez globo. Del tamaño de un puño al pez globo estrellado, que parece un balón de rugby con ojos. Se infla solo cuando se siente en peligro y le supone un estrés enorme: no le persigas para verlo hinchado.
Tortugas: el premio gordo del día
En las praderas de hierba marina cercanas a las islas Giftun pastan tortugas verdes, tranquilas y acostumbradas a los barcos. Verlas comer a dos metros de tus gafas es de esos momentos que justifican el viaje entero.
Las reglas son simples: mantén un par de metros de distancia, no las toques y no te coloques nunca encima de ellas, porque necesitan subir a respirar. En la excursión a Orange Bay, las paradas de snorkel pasan por zonas donde aparecen a menudo.
Delfines: salvajes de verdad
En la costa de Hurghada viven manadas de delfines residentes que descansan en zonas de arrecife protegidas. La excursión a Dolphin House (20 €) navega por su zona y, cuando aparecen, se hace todo despacio: motor al mínimo, entrada al agua sin saltos y dejar que sean ellos los que se acerquen.
Y aquí toca ser honestos: son animales salvajes y libres, nadie te los puede garantizar. Se ven la mayoría de los días, pero si alguien te promete delfines al 100 %, desconfía del resto de lo que te prometa. Nosotros preferimos decírtelo antes de que reserves.
Los que se miran de lejos
- Pez piedra. El campeón del camuflaje: parece una roca cubierta de algas y guarda espinas venenosas en el lomo. Es la razón número uno por la que jamás se pisa el arrecife ni el fondo rocoso. Flotando no hay problema: no ataca, solo se defiende de pisotones.
- Pez león. Precioso, con aletas como plumas a rayas rojas y blancas, y también venenoso. Nada despacio y no busca guerra: míralo, hazle la foto y mantén las manos lejos.
- El propio coral. Corta como el cristal y algunas especies, como el coral de fuego, escuecen durante días. Otro motivo más para no tocar nada.
Las normas de oro del arrecife
- No se toca nada: ni peces, ni tortugas, ni coral. Mirar, todo; tocar, nada.
- No se da de comer a los peces, por mucho pan que sobre del barco.
- Crema solar respetuosa con el coral o, mejor, camiseta de licra.
- Las conchas y los corales se quedan en el mar: sacarlos del país está prohibido y hay multas en el aeropuerto.
¿Te has quedado con ganas de más?
Todo lo de arriba se ve con tubo y gafas en cualquiera de nuestras salidas de isla, de Hula Hula a Orange Bay, con guía dentro del agua y chalecos para quien los quiera. Y si el cuerpo te pide bajar unos metros más, el bautismo de buceo (35 €) te pone un instructor en exclusiva y te lleva a 8 o 10 metros sin necesidad de curso. Más de la mitad de los que lo prueban quieren repetir al día siguiente. Luego no digas que no te avisamos.
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